La Violencia de Género tiene historia


Para entender el fenómeno que llamamos violencia de género vamos a realizar un pequeño viaje en el tiempo, para recordar la visión que se tenía de las mujeres en diferentes momentos históricos.

Con este viaje pretendo informar a la gente de que, lamentablemente, la violencia contra las mujeres justificada mediante una supuesta inferioridad moral, física o intelectual, no es un fenómeno nuevo, sino que ha estado presente desde toda la historia de la humanidad. A lo largo de la historia se ha desarrollado el ser humano en todos los aspectos, pero como en todas las historias hay una parte no tan buena, una parte que no nos suelen contar. Se ha considerado a la mujer débil, tonta o mala y por estas razones su papel en la familia y en la sociedad se ha subordinado al del hombre y se ha legitimado la violencia para enseñarla, controlarla y mantenerla en este rol de “ser” dedicado a satisfacer las necesidades del varón.

Magdalena Rodríguez Gil (historiadora) en el libro “La condición de la mujer en la edad media” expone:

“Desde los primeros albores de la Historia, la mujer ha aparecido siempre en una situación de dependencia con respecto al varón; el diálogo entre los dos sexos se ha ordenado siempre sobre los ejes de la supeditación de la mujer al hombre en todas las facetas de su existencia”.

Comencemos nuestro paseo por el tiempo: ¿Qué pensaban los griegos de las mujeres? Siglos V y IV a.C.

Para entender el origen de la consideración de la mujer como inferior al varón, tenemos que ir a la Antigua Grecia, una sociedad profundamente Patriarcal, este es un momento histórico en el que se pone fin a la existencia de matriarcados.Aristóteles (384-322a.c.) en su tratado Política definía a los ciudadanos como aquellos que podían participar en el poder político, y establecía que la mujer nunca podía convertirse en ciudadana, a diferencia de los extranjeros (metecos) y los esclavos. Del mismo modo, consideraba que la parte intelectiva del alma femenina era débil, por lo que necesitaba de supervisión masculina, y que las mujeres eran seres humanos defectuosos. Las mujeres estaban, por tanto, sometidas a los hombres y relegadas al terreno doméstico, siendo este y sus tareas lo que le correspondían.

Su maestro, Platón, era de la misma opinión. Además ambos coincidieron en definir que las mujeres no tenían derechos jurídicos, por lo que nunca llegaban realmente a ser “mayores de edad”, permanecían toda su vida bajo la autoridad de un tutor hombre, (padre, marido, o varón próximo). En España no quedan tan lejos los tiempos en los que una mujer no podía abrir una cuenta bancaria sola, sin la autorización de su padre, hermano o marido.

Ejemplos de afirmaciones de estos filósofos que, resultaron ser de los más influyentes en el pensamiento occidental posterior.

“Son sólo los varones los que han sido creados directamente de los dioses y reciben el alma.” Platón.

“La relación entre el varón y la hembra es por naturaleza aquella en la que el hombre ostenta una posición superior, la mujer más baja; el hombre dirige y la mujer es dirigida”.

Aristoteles.

Evidentemente, son hijos del tiempo que les tocó vivir y no por ello vamos a juzgarles a día de hoy, pero sí es necesario conocer la historia para no volver a repetirla.

Y de los griegos, llegamos a los romanos, ¿qué nos aportaron los romanos en relación a la visión de la mujer? 27a.C. – 476 d.C

En el imperio Romano se mantiene la diferenciación de roles, asignados a hombres y mujeres, que se basa en la creencia de la superioridad masculina. Se considera que los hombres poseen características diferentes a las de las mujeres y que estas características son más valiosas. La mujer romana tiene un cierto grado de libertad mayor, en comparación con la mujer griega, pero su papel sigue estando anclado al cuidado de la casa, de la familia y a la obediencia al varón. Hubo una aportación, se creó la Ley Julia sobre el adulterio, consiste en tipificar los delitos de adulterio y sustituir los procesos judiciales públicos por la venganza privada, para castigar a la adultera Esto facilitó el asesinato a las mujeres por adulterio con impunidad legal.

Nos adentramos en la Edad Media (siglos V al XV). Continúa el papel predominante del hombre en la sociedad, en la ley y la subordinación de la mujer.

De los siglos V al VII se permitía el asesinato de la mujer, su esclavización o venta si ésta era estéril o si cometía adulterio. Magdalena Rodríguez Gil en “La condición de la mujer en la edad media” explica la consideración de la mujer entre los visigodos:

“Entre los visigodos, la mujer considerada fragilitas sexus quedó siempre postergada en el ordenamiento jurídico, necesitando siempre el amparo o la protección del marido.”

“La mujer estuvo siempre sometida a la potestad del varón y considerada por tanto menor de edad.”

“Las leyes le negaron por tanto la capacidad para administrar con libertad sus propios bienes sin la intervención de marido o tutor. No tuvo la mujer visigoda ni siquiera capacidad para elegir marido.”

“En tiempos del rey visigodo Eurico, los visigodos llegaron a ser tan pobres que algunos de ellos se vieron obligados a vender a sus propias hijas, convirtiéndose estas en prostitutas.”

En cuanto a la Agresión a la Mujer: maltrato, violación y acoso, José Antonio Lorente Acosta realiza un recorrido por la situación de la mujer en este periodo histórico.

A destacar:

- En la Alta Edad Media persisten las diferencias entre hombres y mujeres a todos los niveles, sobre todo a nivel legal.

- En el siglo XIII Santo Tomás de Aquino expone “la mujer está sujeta al hombre por su debilidad física y mental”.

- En España durante los siglos X al XIII cuando un matrimonio no podía cuidar otro hijo sacrificaban, con más frecuencia, a la recién nacida (niña). Práctica lamentablemente común aún hoy en día en muchos países asiáticos.

- En el siglo XIV Geoffrey de la Tour Landry, noble francés, escribió un libro para la educación de sus hijas en el que daba consejos ante las mujeres desobedientes, como este:

“ Este es un ejemplo para que toda mujer sufra y aguante pacientemente, para que no pelee con su esposo o le conteste ante extraños, como hizo una vez una mujer que contestó a su marido ante extraños con malas palabras; él la tumbó con su puño; con el pie le pegó en la cara y le rompió la nariz… Esto le vino por la lengua que usó para hablar a su marido, o mejor amo, ya que a este se debe”.

Otro de los fenómenos clásicos de la violencia contra las mujeres en la Edad Media, fue la persecución de la brujería. En 1486, dos monjes dominicos, publicaron en Alemania el “Martillo de las Brujas” un tratado para realizar “la caza de brujas”. Se reeditó 13 y se empleó en los juicios contra las mujeres consideradas brujas en toda Europa durante casi 200 años.

El desprecio por las mujeres y la consideración de las mujeres como criaturas inferiores, débiles y fácilmente corrompibles por la tentación del demonio.

Esperanza Bosch Fiol en su libro “La Violencia de Género. Algunas nociones básicas” recoge un párrafo traducido del texto de los inquisidores dominicos:

“No hay cabeza superior a la de una serpiente, y no hay cólera mayor que la de la mujer. Prefiero vivir con un león y un dragón que con una mujer maligna”.

Unas cien mil personas fueron asesinadas en nombre de la brujería, el noventa por cien de ellas eran mujeres.

Y de la Edad Media llegamos a la Edad Moderna.

En la Edad Moderna la situación de la mujer sigue siendo muy parecida.

En el siglo XVI, los ingleses creían que si en una violación la mujer quedaba embarazada se demostraba el consentimiento de la mujer a tal relación sexual forzada. En España también se consideraba la violación como un delito poco importante.

Aparecen en este momento algunas mejoras de la situación de la mujer en lo relacionado con su acceso a la educación. En el siglo XVI en Alemania y Suiza se comienza a reivindicar la educación para las niñas si bien se seguía definiendo el matrimonio como la función primordial de las mujeres. Por lo que en este siglo comienzan las niñas a poder acudir a las Escuelas de Primeras Letras, donde hasta ese momento sólo había sido autorizada la presencia de niños. Sin embargo, en este momento se facilitaba educación a las niñas con el objetivo de aprender a llevar a cabo correctamente su papel de ama de casa, esposa y madre.

Otro hecho conflictivo fue decidir, dónde se las ubicaba por la peligrosidad de la educación mixta.

Fray Luis de León mantenía la siguiente opinión en relación a la educación de las mujeres:

“La Naturaleza no las hizo para el estudio de las ciencias, ni para los negocios de dificultades, sino para un solo oficio simple y doméstico”.

En la edad contemporánea (desde 1789 hasta la actualidad) se empiezan a hacer algunos avances.

En Inglaterra no se reconoció a la mujer como persona jurídica hasta 1870, hasta ese momento si cometía un delito el responsable del mismo era el marido.

El código civil francés establecía que “El marido debe protección a su mujer y la mujer obediencia a su marido”.

En Inglaterra según la que“la mujer pierde su individualidad al casarse, absorbida por la del marido”. “La mujer y el marido son uno y ese uno es el marido” .

Napoleón Bonaparte estableció que “Las mujeres olvidan el sentimiento de inferioridad, hace falta que se les recuerde con franqueza la sumisión que deben al hombre que se convertirá en el árbitro de su destino”.

En el mundo de la ciencia, encontramos consideraciones parecidas. En 1800 el neuroanatomista Joseph Gall desarrolló la teoría de la frenología, que defendía que es posible determinar el carácter y los rasgos de personalidad basándose en la forma del cráneo, cabeza y facciones.

La frenología trató de demostrar la inferioridad de la mujer basándose en que las dimensiones del cerebro femenino son menores que las del cerebro masculino.

Desde la psicología encontramos posicionamientos ante la mujer como el de Freud, que en una sociedad victoriana, absolutamente represora hacia la mujer, establece que los tres rasgos clave en la personalidad femenina son: la pasividad, el narcisismo y el masoquismo.

En el mundo de la filosofía encontramos opiniones más extremas:

“El hombre debe considerar a la mujer como propiedad, un bien que es necesario poner bajo llave, un ser hecho para la domesticidad y que no tiende a su perfección más que en esta situación subalterna” Friedrich Nietzsche.

A pesar de que los principales pensadores de la historia fueran hombres o, a pesar de que la historia de la humanidad sólo haya permitido pensar a los hombres y por tanto sólo haya permitido que se generaran pensadores varones (mientras sus mujeres compraban la comida, cocinaban, les limpiaban a ellos, a sus hijos y a las casas en las que vivían, les preparaban la ropa y les cuidaban, consolaban y reconfortaban, acciones sin las que ellos no se hubieran podido mantener con vida para seguir pensando), aparecieron “pensadoras” y voces disidentes tanto masculinas como femeninas defendiendo la igualdad.

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